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Considero que ya es conocido por todos la existencia de proyectos dirigidos a sectores poblacionales que, debido a la ausencia o escasa presencia de recursos, capacidades e incluso derechos, no pueden acceder normalmente a una participación e intervención normalizada en cualquier ámbito de la sociedad.

Pero no basta con conocerlo, o saberlo de oídas como se suele decir. Se trata de enfrentarnos a la realidad que viven aquellas personas que se encuentran inmersas en situaciones de exclusión social. Y entender que, de manera esencial, muchas de ellas pueden superarse si realmente se trabaja por la integración de esas personas en contextos educativos y formativos. Si realmente se consigue que obtengan instrumentos eficaces que potencien sus capacidades demostrándoles su valía vital.

Han de ser conscientes de que su situación de dificultad social no ha de ser necesariamente constituyente de exclusión, siempre y cuando consigan trabajar sus potencialidades en pos de afrontar las demandas de su entorno con éxito. Para ello, todos los que trabajan en este ámbito o pretenden hacerlo, deben ser muy conscientes de qué es exclusión social, por qué se puede llegar a esa situación y qué consecuencias tiene. Cuál es el papel que juegan en esto las actitudes, cogniciones y procesos psicosociales. Así, lograríamos entender esas situaciones desde un punto de vista real, serio pero positivo por la posibilidad de poner en marcha proyectos formativos e intervenciones educativas que permitan potenciar las capacidades de aquellas personas que se encuentren en situación de riesgo o exclusión social.

Es necesario conocer todas esas actitudes, cogniciones y procesos para poder establecer lazos empáticos que permitan obtener una visión cercana y positiva de dicha realidad. En este sentido, en toda persona, sin excepción, se producen comportamientos, conductas, condicionadas por conceptos de los que tendemos a huir por su concepción mayoritariamente negativa. Sí, todos tenemos conductas hacia los demás, positivas y negativas. Forma parte de nuestro sistema de adaptación, subsistencia y ahorro energético cognitivo. Situarnos delante de ese hecho, y objetivarlo para comprender su verdadera magnitud, es fundamental para poder realizar proyectos que permitan ayudar a personas sobre las que recaen conductas negativas en casi todos los ámbitos sociales.

Sería fundamental trabajar estos aspectos con aquellas personas que, al encontrarse en estas situaciones de riesgo, proyectan la negatividad recibida en el resto de personas. Llevar a cabo estrategias que les permitan ser conscientes de que ellos también realizan inferencias sobre los demás. No únicamente se sienten juzgados, sino que también juzgan. Les falta, igualmente, información suficiente y buscan una explicación con la poca que puedan tener.

No obstante, no debemos perder de vista la situación en la que nosotros nos encontramos. No es comparable, cierto. En ese sentido, la pertenencia social de una persona a una categoría social, y por la cuál va a ser juzgada, debería ser el fruto de un equilibrio entre su adaptación a las normas sociales, y la adaptación de esas normas a las necesidades de todos los individuos. Porque si entendemos las normas sociales como “las leyes, costumbres, usos que guían la conducta de los seres humanos y que facilitan la comunicación y relaciones interpersonales” (Moreno, 2001), necesariamente la responsabilidad de la adaptación del individuo ha de ser compartida y no exclusiva.

Ahí radica, por tanto, la necesidad e importancia de los trabajadores de este ámbito. La adquisición de estrategias y conocimientos que permitan desarrollarlo de la manera más eficaz posible. Llevar a cabo iniciativas en las que no haya lugar para la discriminación, para el racismo, para la infravaloración. Iniciativas en las que no se trate de exaltar una dominancia cultural, sino que ayuden a la superación de dificultades y potenciación de capacidades sin pretender modificar sus raíces culturales.

En este sentido, podemos encontrar iniciativas llevadas a cabo con inmigrantes, con gitanos, con personas que viven en zonas de riesgo y en situaciones precarias. Iniciativas con el fin de favorecer y potenciar la inclusión, proporcionar ayuda allí donde se necesita, en una necesidad social que asciende a los propios Derechos Humanos. No obstante, todas ellas creo que convergen en otro punto en común. La escasez o falta de tiempo para un desarrollo que permita alcanzar mayor efectividad. Pueden haber obtenido y obtener resultados mucho más positivos si el factor tiempo hubiera jugado a su favor. Pero lo importante, más allá de cualquier análisis individual de ellas, es admitir la valía de su conocimiento. En qué acertaron, en qué se puede mejorar. Ello nos abre las puertas de un mundo que nos necesita.

22/11/2012 15:19

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Moreno, P. (2001) Psicología de la Marginación Social. Conceto, ámbitos y actuaciones. Pág. 68. Málaga: Ediciones Aljibe.