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En 1995, Edith Grotberg  realizó uno de los modelos descriptivos más influyentes basado en resiliencia. Partimos de la premisa de que este modelo no considera la resiliencia como estática, sino todo lo contrario. Esto significa que tiene un carácter dinámico que permite trabajar para potenciarla y reforzarla.

Teniendo en cuenta eso, el modelo de las verbalizaciones de Grotberg se basa en 4 expresiones resilientes: “yo soy”, “yo tengo”, “yo puedo”, “yo estoy”.  Por tanto, se trata de procurar aumentar situaciones con las que producir dichas verbalizaciones a través de acciones resilientes.  En el  “Manual de identificación  y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes”, de Munist y  colaboradores de 1998, encontramos el sentido de estas expresiones:

YO TENGO

  • Personas alrededor en quienes confío y quienes me quieren incondicionalmente.
  • Personas que me ponen límites para que aprenda a evitar peligros o problemas.
  • Personas que me muestran por medio de su conducta, la manera correcta  de proceder.
  • Personas que quieren que aprenda a desenvolverme solo.
  • Personas que me ayudan cuando estoy enfermo o en peligro o cuando necesito aprender.

YO SOY

  • Una persona por la que los otros sienten admiración y cariño.
  • Feliz cuando hago algo bueno para los demás y les demuestro mi afecto.
  • Respetuoso de mí mismo y del prójimo.
  • Capaz de aprender lo que mis maestros me enseñan.
  • Agradable y comunicativo con mis familiares y vecinos.

YO ESTOY

  • Dispuesto a responsabilizarme de mis actos.
  • Seguro de que todo saldrá bien.
  • Triste, lo reconozco, y lo expreso con la seguridad de encontrar apoyo.
  • Rodeado de compañeros que me aprecian.

YO PUEDO

  • Hablar sobre cosas que me asustan o me inquietan.
  • Buscar la manera de resolver mis problemas.
  • Controlarme cuando tengo ganas de hacer algo peligroso o que no está bien.
  • Buscar el momento apropiado para hablar con alguien o para actuar.
  • Encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito.
  • Equivocarme y hacer travesuras sin perder el afecto de mis padres.
  • Sentir afecto y expresarlo.

 

Siguiendo este modelo, entendemos que el lenguaje nos ofrece esas claves para identificar las condiciones que posee un niño resiliente. Pero, además, actuando en pos de su posesión, estamos potenciando la resiliencia en sí misma.

Para que se entienda mejor, os reproduzco tal cual uno de los casos descritos por Grotberg  y que  podéis encontrar en el Manual especificado más arriba (pp 28.):

“La nena de dos años está con su mamá en un mercado. Ve una golosina,

la toma y comienza a desenvolverla. Cuando la mamá trata de

quitársela empieza a gritar ‘¡No, mía, mía!’

 

Se fomenta la resiliencia si la lleva aparte para que no moleste a los demás y le explica calmadamente que no puede tomar nada sin su permiso, y le da o le muestra otra cosa para distraerla. Le ayuda a comprender los límites de la conducta (“tengo”), le ayuda a hacerse responsable de su propia conducta (“soy”/“estoy”) y se comunica con ella mientras ella la escucha.

No se fomenta la resiliencia si simplemente la deja que se coma la golosina o si le pega y la regaña o si le abre la mano por la fuerza y le quita la golosina. Una interacción de este tipo hará que la niña tema a la persona quien constituye su fuente de afecto y confianza, que adopte una conducta rígida y que sienta que no la quieren ni la comprenden.