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ALUMNOS RESILIENTES

Dr. Francisco Javier Moreno Oliver (*)

“El término resiliencia adoptado en la actualidad por la psicología y la pedagogía proviene del corpus científico de la física. Resiliencia, en física, es la capacidad de un material de resistir a choques imprevistos sin quebrarse. Corominas (1991) Esta similitud aplicado al factor humano correspondería a la capacidad humana de hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y salir de ellas fortalecido e, incluso transformado. Grotberg (1996)

Una observación objetiva de la realidad nos permite percibir que, individuos teóricamente sometidos a los mismos factores de riesgo, elaboran conductas cualitativamente distintas y positivas, de lo que se deduce la existencia de mecanismos y procesos que anulan, minimizan o actúan como atenuantes de los factores de riesgo.

Entre esos factores, cuya investigación no ha adquirido el desarrollo y la extensión que la de los factores de riesgo, son descritos los “perfiles resilientes”, que “se refieren a las influencias que pueden cancelar o atenuar el efecto de factores de riesgo conocidos e incrementar de algún modo la resistencia.” Kazdin, (1996).

La interpretación de estos perfiles resilientes y la manera en que actúan son aún una incógnita. Algunas opiniones aventuran que, tal vez, el desarrollo de la competencia general del individuo y de un proceso de maduración equilibrado pueda actuar como un instrumento preventivo, pero esta tesis no explica por qué en ese desarrollo y en ese proceso de maduración no se produce la intromisión perturbadora de alguno de los factores de riesgo que están al acecho.

También se aduce que la complejidad interactiva de los factores de riesgo se repite en lo referente a los perfiles resilientes, y que algunos de éstos pueden actuar de contrapeso de los factores de riesgo, que, por otra parte varían en función de la edad, el sexo y la influencia de un abanico de variables.

Lo que en estos momentos está muy claro es que “la evaluación de los perfiles resilientes precisa más trabajos, ya que favorecer estos perfiles representa un enfoque viable de la prevención de los problemas de comportamiento“, Kazdin, (1996).

Otros investigadores, como Rutter (1996), opinan que los perfiles resilientes están presentes tanto en el individuo como en el contexto ambiental, y que se ponen de manifiesto en las situaciones más críticas, no actuando ni interactuando cuando las condiciones son de “bajo estrés”.

Este principio se aplicaría al proceso dialéctico en que consiste el proceso de maduración y desarrollo, pues en él, el niño afronta y resuelve unos problemas para encontrarse con otros nuevos, con lo que la resiliencia, en síntesis de Buendía,(1996) “designa la capacidad del niño para hacer frente a un problema y utilizarlo para el crecimiento psicológico, sea cual sea la adversidad ambiental que tenga que superar“.

La resiliencia como proceso:

Frente al carácter más o menos estático de la delimitación de la mayoría de los factores de riesgo -lo que no implica que ellos se manifiesten con ese estatismo-, se conciben los perfiles resilientes como mecanismos integrados en un proceso, el proceso de interacción entre el individuo y el ambiente y de adaptación de aquél a éste.

En consecuencia, y al tener en cuenta que “vulnerabilidad” y “resiliencia” aluden amecanismos específicos de respuesta individual con respecto a situaciones de riesgo, y de nuevo nos vemos obligados a citar a Buendia, “son los polos negativo y positivo del mismo constructo”, no perdiendo de vista que “cuando se habla de resiliencia el proceso que da lugar al incremento o disminución del riesgo puede no significa que la variable o experiencia sea, en sí misma, positiva o negativa”.

Los factores de riesgo operan conduciendo al trastorno y operan directamente, en tanto que los factores o mecanismos de resiliencia sólo se activan al entrar en interacción con los primeros.

Así, no encontramos la resiliencia en las características presentes en un determinado momento, sino en el modo en que cada individuo se conduce en los cambios vitales o en las experiencias que le someten a presión y le hacen vulnerable a la influencia de los factores de riesgo.

Es posible diferenciar entre tres grandes grupos de factores resilientes: las características personales del propio niño; la relación con un adulto acogedor y empático, y un ambiente social que refuerce y apoye los esfuerzos del niño por hacer frente a la situación.

Advirtamos cómo en el tercer grupo de factores se recoge la concepción de los perfiles resilientes como elementos que aparecen en el transcurso del proceso de adaptación del niño .

Indicadores de intervención para la formación de alumnos resilientes Educar a nuestros alumnos con la finalidad de hacerlos resilientes repercutirá muy favorablemente en su proceso de aprendizaje como en su salud mental. La intervención educativa para desarrollar la resiliencia debe desarrollarse desde los primeros años de edad, de manera que en la edad adulta pueda afrontar los problemas desde las siguientes perspectivas:

a) Atacar, contrarrestar y buscar solución a los conflictos

b) Resistir con firmeza cuando éstos superan las posibilidades personales

Para educar niños resilientes las líneas de actuación deben ser las siguientes:

• Enseñarles a confrontar los fracasos con alegría y hacerles ver el éxito alcanzado con el esfuerzo, aunque no siempre a través de éste se logran los objetivos marcados.

• Hacerles ver lo bueno de los acontecimientos negativos.

• Evitar frases negativas sobre su persona cuando su conducta no es la adecuada. Hay que corregirles sus errores con dignidad salvaguardando su autoestima.

• Enseñarles conductas alternativas para afrontar las situaciones problemáticas.

• Enseñarles a aceptar y resistir las situaciones dolorosas de la vida.

• Fortalecer su personalidad , darles afecto y elevar su autoestima.

• Enseñarles a tener autocontrol personal educando su voluntad.

• Darles valores sociales como elementos de referencia en su comportamiento

• Enseñarles a saber tomar decisiones reflexivas y afrontar con sentido del humor las contrariedades.

En definitiva se trata de enseñar a afrontar las situaciones vitales estresantes de la vida con normalidad, a saber resistir y crecer ante las dificultades.

BIBLIOGRAFÍA

BUENDÍA, J. (1996): Psicopatología en niños y adolescentes, Editorial Pirámide, Madrid.

COROMINAS, J. (1991). Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico. Gredos, Madrid.

GROTBERG, E; SUAREZ, O. N.; Guia de promoción de la resiliencia en los niños para fortalecer el espíritu humano. UNESCO-CIVITAN CENTER-OPS, Internacional Catholic Child Bureau y Fundación van Ler . Marzo 1995. Hanbdbook of Early Childhood Intervention . Melbourne, Cambridge University Press (1996)

KAZDIN, A.E. (1996): Conducta antisocial, Editorial Pirámide, Madrid.

RUTTER, M., TAYLOR, E. y HERSOV, L. (1996). Child and Adolescent Psychiatry Modern Aproaches, 3ª ed. Blackwell Scientific Publications, Oxford.

(*) Francisco Javier Moreno Oliver

Departamento de Pedagogía Aplicada

Universidad Autónoma de Barcelona (España)”

Podéis encontrar este trabajo en la siguiente dirección:

http://personal.telefonica.terra.es/web/fxmoreno/documen/Alumnos%20Resilientes.pdf