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El Modelo de Resiliencia que Glenn Richardson hizo público en 1990, junto a los colaboradores Neiger, Jensen y Kumpfer, nos muestra el proceso por el que una persona puede hacer frente a la adversidad. ¿Qué quiere decir esto? Que a la hora de enfrentarnos a una adversidad, no hay una única respuesta posible. No todos hacemos frente a una situación de la misma manera. No todos salen dañados. No todos salen indemnes.

Ante esto, uno de los términos fundamentales de este modelo es la reintegración tras la adversidad. Cuando la situación adversa llega, choca con los factores protectores que el  individuo en concreto posee (recordemos, por ejemplo, la Mandala de Resiliencia). En función de estos factores, del grado en el que amortigüen la adversidad, y teniendo en cuenta que puede tratarse de una elección consciente o inconsciente, el individuo tiene cuatro opciones de reintegración.

Modelo Resiliencia

Reintegración Disfuncional

Cuando una persona no es capaz de asumir la situación adversa, cuando sus recursos no son suficientemente fuertes para evitar la ruptura,  sufre una reintegración disfuncional si acaba realizando conductas destructivas o de riesgo consigo mismo (consumo de drogas, por ejemplo) o con los demás. Se produce tal alteración, que suelen ser casos que requieren ayuda profesional para superarla.

Reintegración Con Pérdida

En este caso, tras la ruptura, el individuo sí tiene ganas, motivación, para superarla. Pese a esta positiva intención, el camino no estará libre de dificultades que harán que sufra pérdidas como, por ejemplo, de autoestima.  Estamos, por tanto, ante una situación en la que el positivismo por salir adelante no evita el desajuste emocional de la persona.

               Reintegración a Zona de Bienestar. Homeostasis.

La reintegración homeostática se caracteriza por el regreso del individuo al momento vital anterior a la adversidad. Esto quiere decir que ésta no logra hacer demasiada mella y la persona recupera el equilibrio sin aprender de la situación vivida. No hay, por tanto, crecimiento postraumático. Por eso, esta reintegración sucede también directamente cuando los factores protectores evitan la ruptura.

               Reintegración Con Resiliencia

Estamos ante una reintegración resiliente cuando la persona, tras la ruptura, es capaz de sufrir un crecimiento positivo como resultado del aprendizaje realizado de la situación adversa. Por tanto, el individuo no regresa al estado anterior al suceso, como ocurre en la Homeostasis, puesto que aquí experimenta un crecimiento postraumático.

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Más información sobre el Modelo

Glenn Richardson    

Richardson, G.E., Neiger, B.L., Jenson, S. y Kumpfer, K.L. (1990). The resiliency model. Health Education, 1(6).

Enlace a Google Books.

The Resiliency Process Model