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Los actos fallidos son sucesos no patológicos que todos cometemos. Por ejemplo, todos podemos tener lapsus verbales (decimos algo diferente a lo que pretendíamos), equivocaciones en la escritura y lectura, o falsa audición (escuchamos algo diferente a lo que ha dicho otra persona pero no por problemas auditivos)

Digamos que son fenómenos que se basan en tres tipos de olvido: el temporal, por el que la información no ha desaparecido; el olvido de propósito: nos olvidamos de una cita y nos acordamos tras unas horas; y un olvido más permanente, como cuando perdemos un objeto.

Estos fenómenos parecen insignificantes, producto de la casualidad, entonces ¿por qué el psicoanálisis les presta atención? Se debe a que no hay que confundir importancia con apariencia: los actos fallidos son signos sutiles importantes; indicios a partir de los cuáles se inician líneas de investigación que pueden resolver grandes problemas. Aún así, rompe el hecho científico pensar que estos actos son casuales, puesto que podrían no haber pasado.

Si le preguntáramos a una persona no familiarizada con el psicoanálisis sobre las razones por las que ocurren estos actos, seguramente nos contestarían:

1. Fatiga, cansancio.

2. Sobreexcitación.

3. Encontrarse absorto en otro tema diferente al que está realizando en ese momento.

En todo caso, esas respuestas  son atribuciones que se hacen a posteriori, pero no explican los actos fallidos. Éstos suelen estar acompañados por otros actos secundarios: cuando hacemos mucho esfuerzo por recordar una palabra y no lo logramos. O cuando los actos fallidos se multiplican o reemplazan entre sí.

De todas formas, es necesario señalar que desde el psicoanálisis, las teorías de la atención no se consideran falsas, pero sí insuficientes. Necesitan un complemento para poder explicar los actos fallidos. Así, algunos autores consideran los lapsus como sonidos por encima de otros (similitud de palabras). Pero esta explicación no es válida. ¿Qué pasa cuando decimos lo contrario a lo que queríamos decir? En este caso no hay parecido en el sonido de las palabras. Así, estas hipótesis de semejanzas o diferencias resultan insuficientes. Entonces, nos fijamos en el efecto. Este es un elemento central. La deformación en que consiste el lapsus tiene sentido propio. Tiene un fin y una significación particular.

Aún así, los actos fallidos son “actos correctos”, solo que diferentes de lo que pretendíamos inicialmente. Para el psicoanálisis, las equivocaciones con sentido son la mayoría, no algo aislado. Por eso, hace un importante aporte a la Psicología, ya que explica con hipótesis únicamente psicológicas cosas que hasta entonces sólo se podía explicar de forma fisiológica. Por ello, los actos fallidos tienen sentido. Este sentido es el propósito (intención, tendencia) de un hecho psíquico. El lapsus añade al sentido intencional un segundo propósito, una condensación de ideas: “mi marido come lo que yo quiero… (ups) digo ¡lo que él quiera!”.

No obstante, hay otros actos fallidos en los que el sentido no está tan claro, como en los lapsus producidos por aspectos como la tristeza. La intención no se ve con claridad. Esto es por la interferencia de dos propósitos: manifiesto y latente. Éste último es el que interfiere, no se ve. A veces, el latente sustituye al propósito manifiesto (aparente), aunque puede que se den producciones mixtas cuando el latente transforma al manifiesto. En definitiva, tienen que llegar a un acuerdo de satisfacción y no satisfacción. Sin embargo, esto no ayuda a entender otros actos fallidos, como la deformación de nombres, que incluso se puede realizar de una forma intencionada.

En conclusión, los actos fallidos no son casualidades sino importantes actos psíquicos con sentido, que se producen por la oposición de dos tendencias: latente (perturbadora) y manifiesta (perturbada). A su vez, la perturbadora ha tenido que ser perturbada. Todo ello sucede a través de la asociación libre, que es una técnica del psicoanálisis. Se trata de que la persona hable de lo que le ocurre sin censurar nada, sin que haya algo que considere como “tontería”, ya que no hay casualidad psíquica.

 –  Olvido de nombres propios: podemos pensar que es, por ejemplo, por resentimiento. El análisis del olvido hace que nos demos cuenta de estos sentimientos.

–   Olvido de propósitos: en cuanto a situación psíquica, se produce por una contradicción de propósitos. En nuestro día a día, el olvido no se acepta como una casualidad.

–   Pérdida de un objeto: ¿Cómo vamos a tener intención de perder un objeto que nos encanta y no paramos de buscar? Sí, tiene sentido, no es casual. Puede que hayamos perdido afecto hacia ese objeto o a la persona que nos los regaló.

–   Actos fallidos combinados: Por ejemplo, Freud estuvo mucho tiempo queriendo echar una carta al buzón. Primero, se la devolvieron porque no aportó la señal; después, porque no puso el sello. Finalmente, no envió la carta porque ya no quería que llegara a su destinatario.

En definitiva, hay que escuchar al acto fallido porque nos dan mucha información de lo que realmente pasa (pone de manifiesto deseos inconscientes). Y es que hay una intención de que ese propósito no se manifieste, y por eso surgen los actos fallidos. Es decir, se pueden manifestar en nosotros deseos de los cuales no somos conscientes.

 No pasa nada, sólo hay que conocerlos.