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¡Qué pedagogos éramos cuando no estábamos preocupados por la pedagogía!

Daniel Pennac

Siempre he tenido clara una cosa. Los niños nos llevan mucha ventaja de distanciaDaniel Pennac en el difícil camino de la vida. Después, y aún sin saber exactamente por qué, llegamos a un punto en el que “enloquecemos” y, en vez de continuar avanzando, retrocedemos. En todos los aspectos.

Los niños tienen la gran virtud y fortuna de saber encontrar cosas buenas a cualquier situación de la vida. A cualquiera. Pero los adultos no. Un ejemplo claro de ello es que, en el ámbito educativo, se vive un continuo partido de tenis sin un Nadal que sea capaz de terminar el partido. Un partido en el que la pelota cambia de lado continuamente: los profesores y los docentes se culpan entre ellos. Los que no hacen una cosa, los que hacen otra. Lo que yo digo, lo que tú me dices. Lo que quiero y lo que no quiero escuchar. Lo que no quiero cambiar, ni aceptar que debo cambiar. Una lucha absurda culpable de una crisis educativa en la que no se buscan soluciones. Sólo culpables. ¿Los damnificados? Por supuesto: los alumnos.

Daniel Pennac fue un alumno de tantos. Un alumno alegre, pero un triste alumno, según confiesa que dijo un profesor suyo. Un cancre, que dicen los franceses. ¿Qué significa? No tiene una traducción literal al español. Pero se puede decir que hace referencia a esos alumnos considerados como los últimos de la clase. Pero no porque quieran. No se aplauden por eso. Al contrario. Sufren.

Por esa razón, suelen ser alumnos que cortan rápidamente su relación con el sistema educativo. ¿Por qué? Generalmente, por inseguridad. Porque tienen un autoconcepto muy negativo y unas expectativas muy bajas. Y, para colmo, un locus de control interno que hace que atribuyan su fracaso a factores internos. Se culpabilizan de su fracaso. Y sufren. Más incluso cuando desde fuera se refuerzan esas inseguridades y ese pensamiento negativo. El propio Pennac dice que: “Todo nace de una primera incomprensión, de un problema de inhibición, provocado por la timidez, el azar o cualquier otra causa. Y se acumula y se interioriza. Te dices a ti mismo que eres idiota, un cretino, que no hay nada que hacer contigo. Si te consideras idiota entonces quedas liberado de cualquier esfuerzo. Lo tuyo es irreparable.” 1

¿Dónde está entonces la escuela? ¿su verdadera función? ¿y los docentes? ¿se dedican a fomentar estas cuestiones tan negativas? ¡Por amor de Dios! ¿No se supone que deben potenciar las capacidades que todos y cada uno de los alumnos poseen? ¿Y la familia? ¿por qué influye y refuerza la falta de motivación de su hijo? ¿por qué contribuyen a ese autoconcepto tan negativo?

A Pennac, la literatura y, según dice, el amor, fueron los que le salvaron del fracaso escolar. Creyeron en él. Supieron mirar más allá de lo que la comunidad educativa le exigía. Más allá de las comparaciones con el resto de los alumnos. Supieron ver dentro de él. Y le rescataron.

Todos los alumnos tienen el derecho de que aquellos que se jactan de ser maestros, ejerzan como tal. Que aquellos que dicen amarlos… lo hagan de verdad.

 

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1.