Hoy es uno de esos días que parecen estar formados por infinitos segundos. Hoy toda una semana transcurre lentamente en 24 horas. ¿Será porque el tiempo se ha parado? ¿Será que mi vida ha frenado en seco y sólo me queda el aturdimiento de tratar de recordar qué ha pasado? Al final todo es mucho más sencillo que eso, por difícil que resulte asimilarlo. Sí, será que el corazón se ha roto. O lo ha vuelto a hacer. Y eres capaz de visualizar sus pedazos, de verte recogiéndolos preguntándote por qué. Por qué a ti. Por qué otra vez.

Cada trocito de tu corazón está formado por un recuerdo que lo mantenía con vida. Latiendo grácil te sostenía y te hacía caminar por el afortunado camino escogido. Cada recuerdo nuevo ansiaba un compañero nuevo que le arrebatara el título de “último gran recuerdo feliz”. Marchabas sonriente por el mundo. No existían vacaciones, ni descansos, ni problemas, ni gente con sus devastadores juicios al ser capaces de auto-otorgarse el derecho a juzgar tu vida. No existía nada. Sólo la sonrisa fruto de la mirada más esperada. Sólo el mínimo roce que ponía en alerta todos tus sentidos. Sólo te sentías feliz.

Corazón. Gorjuss

Je, felicidad. Ese bien tan deseado como escaso por el que se paga un alto precio. El de compartir tu mayor tesoro. Debes compartir tu vida por el amor de una pareja, de un amigo, de una familia. Debes ser capaz de dar a conocer tu alma previo pago del riesgo a lastimarla. Pero debes hacerlo. Porque es entonces cuando la luz entrará en ti. Es entonces cuando presentarás batalla a cada una de tus oscuridades, de tus miedos. Y partirán. Y esas luces encontrarán su sitio en el cielo en forma de estrellas, o se irán para seguir con su camino por este mundo. Pero su halo continuo permanecerá. En tu memoria, en tu corazón. Por muy roto que esté.

Sí. Todos tenemos a alguien al que agradecer ser partícipe de los mejores momentos de nuestra vida. Alguien que te hace sonreír al recordarlo. Esa persona que te ha venido a la mente mientras leías. Te sientes agradecido porque haya estado a tu lado. Por haberte sostenido en tu caída. Por haberte mantenido en pie mientras caminabas por la vida. ¿Eres capaz de expresar con palabras todo lo que sientes? 7 letras se quedan cortas para dar las gracias. En realidad, no hay letras suficientes. Ni jamás encontraremos las palabras adecuadas. Porque un sentimiento, simplemente, se siente. Tratamos de describirlo para dotarlo de materialidad, de “realidad tangible” con la esperanza de que se nos entienda. Es inútil, hazme caso. Sólo tú eres capaz de comprender en toda su extensión la magnitud del propio sentimiento.

Aún así, el mundo entero tiene el derecho de conocer las historias que lo conforman. Tiene derecho a saber que hay gente capaz de recogerte del más hondo de los fosos y elevarte hasta subirte en una estrella fugaz. Gente que te enseña el camino. Gente capaz de iluminar cada parte de una alma atormentada, arrasando con cada oscuridad que encuentra a su paso.

Haceos un favor, y mantened a esa gente cerca. A vuestro lado. Te ayudarán a recomponer tu corazón. Le devolverán a la vida cambiando lágrimas por sonrisas. Cada trocito, cada recuerdo, te retrotraerá a un momento feliz que no debes olvidar jamás. Un gesto, una sonrisa, una voz, un detalle, un abrazo, un beso… una mirada. Tu mayor tesoro está formado por cada una de estas cosas. Y si las luces se van, recuerda que hubo un tiempo, una vez, que tuviste el honor de disfrutar de ellas.

Gracias mi luz. No te apagues nunca. No me dejes caer.

I-gave-you-my-heart. Gorjuss