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* El contenido de esta entrada no responde, en ningún caso, a ninguna opinión personal. *

Como ya hemos visto, el sueño resultaba ser como una realización de un deseo sexual infantil reprimido. Así, la sexualidad para el psicoanálisis es un concepto más amplio que no coincide con lo que entendemos como “genitalidad”, reproducción. Sexual es todo lo que ha tocado la palabra, y es esta sexualidad la que estudia el psicoanálisis. Aún así, existen fenómenos que se escapan. Como las perversiones y las neurosis.

Las perversiones no se tratan como un concepto peyorativo. Se refiere a toda aquella sexualidad que no va encaminada a la reproducción. Pese a que se aclara la objetividad del tema y aclaran la ausencia de intención negativa en los términos, no deja de ser un aspecto polémico, puesto que para el Psicoanálisis existen dos tipos de perversiones:

– Desviación respecto al objeto: como la homosexualidad, la inversión. O cuando el objeto sexual son niños o animales.

Desviación respecto al fin: como cuando no son los genitales, sino la boca, el sexo anal u otras partes del cuerpo. También se incluyen los objetos fetiches, como medias o zapatos. Cuando aquello que normalmente sirve para alcanzar el coito se convierte en el fin en sí. Cuando sólo buscamos tocar o mirar. Se incluye también el sadismo y el masoquismo, la tendencia a que la satisfacción se deba al daño, a la crueldad.

Ante todo esto hay participación psíquica. Entonces, ¿cómo se permiten este tipo de desviaciones? ¿Es muy frecuente? Nos encontramos aquí ante dos reflexiones:

1.- Estas desviaciones han existido en todas las culturas, en todos los tiempos. Como la homosexualidad en la cultura griega. Y en mayor o menor medida, nos acompaña a todos, como cuando besamos.

Hemos visto, por tanto, que una característica de la perversión es que excluye la satisfacción sexual normal.

2.- Si estudiamos a través del psicoanálisis tanto la neurosis como la sexualidad infantil, vemos cómo están en juego todas estas perversiones.

Si estudiamos la neurosis vemos que todas las corrientes perversas se encuentran de manera inconsciente, por lo que hay que interpretar. De hecho, el psicoanálisis dice que la bisexualidad forma una parte constitutiva del ser humano, luego cada uno elige su preferencia pero siempre queda algo, siempre tendemos a una parte masculina y femenina.

En la histeria, se producen síntomas en cualquier parte del cuerpo pero sin dañarlo. Tiene que ver con fases inconscientes con contenido sexual. No han podido seguir su camino normal hacia la conciencia. La histeria nos informa de que todo nuestro cuerpo es erógeno, nos envía estímulos sexuales y, cuando aumenta, puede producir síntomas funcionales sin dañar el órgano, como dolores de cabeza, diarrea…

La neurosis obsesiva consiste en pensamientos que se imponen a la persona, que está todo el tiempo pensando en cosas que no tienen sentido para él. En este caso, hay una gran presión de corrientes sádicas y masoquistas. Hay una gran dosis de crueldad. Se ve tanto el deseo sexual como el deseo de reprimirlo.

La neurosis es, por tanto, negativa a la perversión. Pero todo ello ocurre cuando hay una privación de la satisfacción normal.

¿Y la sexualidad infantil? Ha sido la gran olvidada. Antes se creía que sólo llegaba con la pubertad, o se hablaba de ella en términos peyorativos. Ante esto, vemos un fenómeno llamativo: la amnesia. No recordamos nada del periodo infantil pero la sexualidad infantil es la culpable de muchas de las complicaciones sexuales que tenemos de adultos. No la recordamos, pero no desaparece.

En ello encontramos que es diferente a lo que entendemos por sexual de adultos. Por ejemplo, cuando el niño se alimenta a través del pecho materno, pero cuando ya está saciado necesita seguir chupando porque siente placer, por ello se recurre al chupete.

Así, las siguientes características de la sexualidad infantil podríamos decir que son:

– Se apoya en las grandes necesidades biológicas.

– Está formado por distintas zonas erógenas, independientes entre sí.

– El bebé se satisface con su propio cuerpo, como cuando se chupa el dedo. Es una especie de masturbación con el propio cuerpo. Por ello, se dice que el niño es polimórficamente perverso: se satisface con cualquier cosa; tiene disposición a todas las perversiones.

Podemos decir entonces que, tanto la perversión como la neurosis, son algo de infantilismo que se ha quedado en el adulto. Así, los niños desarrollan teorías con respecto a ellos mismos, que luego se reflejan en los cuentos.

Los elementos de la sexualidad infantil, que se han interpretado bastante mal, son: fases pregenitales anal, oral y fálica. La elección del objeto es incestuosa: la madre es el primer objeto sexual del niño. Es lo que se llama madre fálica, la relación idílica que luego todos vamos a buscar. La función padre aparece cuando la madre deja de ser completa. Es romper con la castración.

Durante estos primero años, se va construyendo el pudor, la repugnancia, la compasión,… Así, el ser humano tiene dos nacimientos sexuales: el infantil y el que conocemos, el que empieza con la pubertad.

Para finalizar, decir que el trabajo que siempre se impone a los adolescentes y adultos es poder separarnos de nuestros padres psíquicamente. Es un desprendimiento inevitable para entrar en la cultura. Es lo que el neurótico nunca consigue. Por eso se dice que el complejo de Edipo es el complejo central de la neurosis.

Os dejo el enlace al siguiente trabajo sobre Neurosis Infantil de Camila Vidal, en el Curso de Introducción al Psicoanálisis en Vigo:

 http://asociacionpsicoanalitica.com/LA%20NEUROSIS%20INFANTIL.pdf