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A estas alturas, después de varias entradas sobre psicoanálisis, ya sabemos que el objeto de conocimiento de este es el inconsciente. Freud, cuando estudiaba las producciones inconscientes, estableció la teoría de que el concepto de inconsciente no varía. De ahí, se desprende un método de acercamiento, que será el de la interpretación, y de ahí se desprende una técnica, que es la asociación libre (asociar sin restricciones morales, por ejemplo). Estamos en la terapia analítica, y el producto que se espera de la terapia analítica es la auto-transformación y el auto-conocimiento de la persona que se analiza. En esta relación analítica se construye el inconsciente de la persona en cuestión.

Se trabaja pues con una realidad justificante, basada en la palabra. El psicoanálisis piensa en la “enfermedad mental” como una materia prima, como un contenido manifiesto. Pero no se trata de un recetario. Como ya hemos visto, cada acto neurótico va a tener un significado para cada paciente.

Otro punto importante es el diagnóstico, que no es fenomenológico, ni como medio de etiquetación, sino que se construye de forma simultánea al tratamiento obteniendo información muy valiosa para el psicoanalista. Esto quiere decir que no se utiliza un diagnóstico previo, en todo caso durante el tratamiento, o al final del mismo. No obstante, teóricamente podemos clasificar las distintas patologías con distintos diagnósticos, aunque en la realidad esto es muy difícil de hacer. Y aunque es un trabajo analítico del psicoanalista, también lo es del paciente, lo que supone levantar las represiones que éste pueda tener. Se intentará construir una historia de deseos, sin tratar de enseñar o reeducar al paciente puesto que no se trata de decir lo que está bien o mal. Para ello, nos valemos de la transferencia (relación entre paciente y analista). Esta es la manera de relacionarse con el mundo, con los otros. Esta manera la traslada a la transferencia: según cómo me relaciono en mi vida, me relaciono con el psicoanalista.

La salud en el psicoanálisis se puede clasificar en varios ítems, diferentes a la “normalidad” que se presenta en otros dogmas teóricos. Criterios de salud para el psiconálisis:

a)  La capacidad de amar y trabajar: tener proyectos, objetos amorosos.

b) Relación que el sujeto tiene con la realidad: el síntoma no deja de ser particular, pero también social. Por tanto, el sujeto “normal” es aquel capaz de transformar la realidad que conoce. El neurótico conoce la realidad pero huye de ella, se relaciona de una manera imaginaria con la realidad. No obstante, hay situaciones más graves, como la psicosis, en las que el sujeto transforma una realidad que desconoce. Niega la realidad y construye el delirio.

c) Capacidad de sustitución de un objeto por otro: estamos sujetos a un interés, a ideales, a medidas. Cuando perdemos un ideal, a una persona querida…, ese interés vuelve a nuestro “yo”, que es movible: lo puedo mover a diferentes intereses, personas…, si no puedo sustituir a personas, sustituyo intereses. Esto facilita el nuevo cambio, la nueva etapa.

Esto quiere decir que el sujeto viene con la enfermedad instalada, no como algo malo sino como la mejor resolución a la que ha llegado tras un conflicto psíquico. Ante esto, surgen resistencias: efectos de las represiones. Intolerancia a la curación. De esta forma, el paciente, aunque sufra, satisface un deseo inconsciente con estas resistencias.

Existen también las llamadas resistencias secundarias, que son por las que el sujeto se “escapa” de las tareas sociales, de eso que la sociedad exige al sujeto “sano”. Y las resistencias del “súper-yo”, que tienen que ver con la necesidad de castigo o sentimiento de culpa inconsciente, que a veces lleva al sujeto a hacer actos en contra de sí mismo. Ese castigo reduce la culpa inconsciente. En algún sitio, el sujeto enfermo se siente bien con esa enfermedad, pues es un calmante de esa culpa inconsciente.