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Con esta nueva entrada, se da por finalizado el repaso a las lecciones introductorias al Psicoanálisis, que comenzamos el pasado mes de Junio con el concepto de Inconsciente, y que concluimos con la importancia que para la medicina tiene el aspecto psíquico.

Para el psicoanálisis, la salud es algo a producir, no por tanto la recuperación de un estado anterior. Esto se debe a que se cree que ese estado es el que ha hecho enfermar, luego es un estado que no se quiere recuperar.

Se trata de la producción de un nuevo sujeto que no necesita enfermar para hablar: los síntomas son una especie de jeroglífico a descifrar. Por ello, es fundamental la preparación de quienes producen la salud. Así, sería interesante incorporar a la preparación del médico las aportaciones del psicoanálisis.

El médico es un instrumento de la medicina, un intermediario entre la medicina y el paciente. Cuánto más transparente sea, mejor médico será, igual que el psicoanalista. También hay que tener en cuenta que cada profesión requiere de una “grupalidad” para ser ejercida.

Otra cuestión que se planteó en el seminario, fue que el enfermo psíquico está peor valorado que el enfermo orgánico. Una fobia puede ser tan traumatizante como una parálisis, por ejemplo. Son enfermedades muy serias que requieren un tratamiento, y tienen solución: devolver a alguien su capacidad para realizar la vida que desee, puede ser tan importante como salvar la vida a un paciente, como puede hacer un médico. Esta importancia de las enfermedades psíquicas se refleja, por ejemplo, en que el suicidio sea una de las principales causas de muerte.

Además, conviene señalar que el psicoanalista tiene que renunciar a la intención de curar a un paciente, aunque esto pueda parecer contradictorio. Si yo sólo quiero psicoanalizar al paciente, es cuando se va a curar.

Freud también plantó algunos criterios de salud: la idea de síntoma la toma de los textos marxistas como una incapacidad para amar y trabajar. Además, no hay sujeto psíquico sin sujeto social. De hecho, nosotros somos un “otro” para nosotros mismos: a veces nos queremos, a veces nos maltratamos, etc. También los humanos tenemos una serie de capacidades que todos podemos desarrollar, como la escritura como medio de expresión..

Los mecanismos psíquicos que actúan en una enfermedad, son los mismos que utiliza alguien “sano” cuando sueña, habla…, lo diferente es el resultado, pero los mecanismos son los mismos. Por ello, un paciente se puede recuperar sin secuelas. No son enfermedades genéticas. Por ejemplo, la estructura de la histeria nos permite observar el funcionamiento normal de los mecanismos, dónde está el fallo. La histeria demuestra que la persona histérica, mediante la conversión, puede transformar una frase en un dolor corporal que somatiza.

También la neurociencia ha tenido grandes avances, pero no se puede reducir al ser humano a elementos biológicos. Y es que hay una tendencia a borrar lo humano: no hay tristeza, por ejemplo. Y, precisamente, la tristeza es un momento de reflexión. Un momento que la alegría no nos permite. Es un sentimiento inevitable pero que incluso se llega a medicar. Esto mismo sucede con la angustia, pero ya hablamos del márketing de las industrias para vender psicofármacos.

Señalar también que, para la medicina, el cuerpo es eminentemente biológico, pero el psicoanálisis añade que no es sólo biológico, no es una imagen corporal, es mucho más: es el conjunto de nuestras relaciones sociales, de nuestras lecturas. Es un cuerpo que goza.

El concepto de inconsciente, nos ayuda a entender que una cosa es lo que yo quiero (la demanda), y otra el deseo (que puede no coincidir con la demanda): que el paciente diga: “yo quiero que usted me cure” no significa que haya tomado la determinación de curarse. Y esto ocurre porque hay una resistencia a la enfermedad. El paciente quiere curarse pero también reniega de ello. La culpa inconsciente es otro punto fundamental. A veces, nos enfermamos como castigo. Cuando llega la enfermedad, hay un cierto alivio de la culpa. No es por una maldad real, sino por una maldad de pensamiento. Debido a esto, se recurre a un autocastigo. Un castigo que calma tu vida.

 “El psicoanálisis y la medicina podrían ser los amantes perfectos”