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Recuerdo que hace un par de años, en una asignatura en la Universidad, una profesora nos presentó una metodología que se estaba impulsando desde ámbitos diversos: las Historias de Vida.

Venía a ser una manera sencilla de entender todo lo que estábamos viviendo a nivel económico y social. Conceptos complicados para mí, se transformarían en asequibles si era capaz, junto con mis compañeros (el trabajo en grupo jamás faltaba), de trasladarlos a la realidad. Este era un punto fundamental. Teníamos que ser conscientes de que lo que estábamos estudiando era real.

Y para ello, es necesario contar con datos reales de personas reales. Siempre teniendo en cuenta un aspecto fundamental: si se pretende realizar un estudio de base social, tenemos que tener en cuenta la perspectiva de cada una de ellas, porque “lo que hay de social en la vida, interesa a nuestra mirada” que decía Ochoa. De todas formas, si se pretende realizar una investigación, hay que intentar no mirar desde nuestro punto de vista personal, sino del sujeto. Toda acción puede ser interpretada de diferente manera, según la mirada de cada uno.

Esto es importante, porque la historia de cada persona está escrita en base a una cultura a la que se pertenece, y a través de un contenido surgido por las experiencias, y la imagen que la persona se ha creado de ellas. Y, por lo tanto, el fin de las Historias de Vida es entender motivos, razones, pero nunca criticar. Porque “son útiles allí donde el tiempo y la historia del comportamiento de los actores es significativo para la reconstrucción de lo social.” Nos serán útiles porque lo que pretendemos realizar no es una investigación psicológica, sino obtener una perspectiva social.

Esta perspectiva será la base que nos permita entender, no sólo su realidad, sino la nuestra. La de todos. Qué está sucediendo a nuestro alrededor. Ahora. Porque hay que ser conscientes, como nos señala Ochoa, de que todo aspecto social va cambiando constantemente y nosotros tenemos que investigar, que estudiar, en qué situación concreta nos encontramos en cada momento. Todos deberíamos ser capaces de situarnos en la realidad concreta que nos toca vivir. Ya se dice: “es una cuestión de supervivencia”. No sólo nuestra, sino futura. Nos situamos en la concreción propia que habitamos. La investigamos. La analizamos. Y conseguimos adaptarnos a ella. Pero además, el ser humano es capaz de reconstruirla. De controlarla, de establecer un punto de restauración que permita volver al pasado para aprender de él.

Por tanto, entendamos nuestro presente, comprendamos nuestro escenario, sus actores… manejemos el contexto de nuestro entrevistado, teniendo en cuenta que “en cualquier historia de vida es más lo que se escapa, lo que huye, que lo que se aprende y captura, cuando lanzamos las redes del recuerdo o de la imaginación hacia el pasado.

Pero ahí entramos nosotros, desentrañando los datos recogidos para guiarlos por sus senderos hacia el camino que nos interesa. Hacia el fin que mueve nuestro trabajo de Historias de Vida.

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Podéis leer el texto de Jaime Ochoa (del que se extraen las citas), en el siguiente enlace: Historias de Vida: Un balcón para leer lo social.

En el siguiente artículo, la profesora de la que os hablaba escribe, entre otros, sobre este tema. Podéis encontrarlo aquí: La creación y gestión del conocimiento en la enseñanza superior.