Etiquetas

, , , ,

torpon3

Para todos aquellos que tenemos inquietudes literarias y soñamos/intentamos publicar algún día nuestro primer libro, tener entre las manos “Torpón III. Las aventuras de Torpina“, de Cristina Calle, supone recibir un mensaje incluso antes de levantar la tapa: “ánimo, ¿ves? sí se puede. Inténtalo, trabájalo… y lo conseguirás.” Es una inyección de motivación. Se nota el trabajo realizado en un camino complicado para que, al final, haya gente con el honor y la suerte de poder leerte.

Viajar a Torpón III supone comprar un billete con destino a nuestros recuerdos. Supone emprender un viaje hacia la superación personal. Nuestras propias vivencias, o quizá las de gente cercana a nosotros, se esconden disfrazadas de cuento en cada párrafo. Desde el primer capítulo. Esa sensación de torpeza que todos hemos sentido en algún momento se convierte en la idiosincrasia del sistema Estorpón. Esa relación de la princesa Caroline, de Torpina, cediendo el control de su vida a sus padres mientras espera al hombre Perfecto con el que debe casarse antes de los 25 años. ¡Qué genial! Porque pese a que la sociedad se autodenomina liberal, y que de puertas para fuera todos somos de mente abierta, nada prejuiciosos, ni “escandalizables”, esa situación en la que se encuentra Caroline es un reflejo de la vida misma de otras muchas “Carolines“. Una sociedad con sus normas que deben ser cumplidas, un patrón establecido de vida ideal que debes cumplir si no quieres realizar el esfuerzo de desvincularte de las exigencias aprendidas y encontrar la paz en tu propio camino. Aunque a veces, no cumplir el patrón no sea por opción. ¿Qué niña no ha soñado con el día en que aparezca su hombre perfecto, su amor verdadero mejor, y la rescate? ¿Qué joven no se ha cegado alguna vez con esa primera persona que dice quererte y al que ves como alguien perfecto?

El poder del valor de tomar la primera decisión propia. Qué importante y cómo nos marca. El inicio de nuestro propio camino. Las intenciones de los que nos rodean y nuestro sentido para detectarlas. La sensación de sentirte tan pequeña en comparación a los demás. La búsqueda de la propia libertad. Como decía: la vida misma. Todos hemos vivido situaciones más propias del perfecto imperfecto Torpón III.

Y luego nos abrimos al mundo y descubrimos que no estamos solos. Que si hemos sufrido, hay quiénes han sufrido lo mismo, o más. Que si nos consideramos “torpes”, hay quiénes lo son por igual. Comienza así el proceso de autoconocimiento y aceptación de nosotros mismos, desmitificando lo que se suelen considerar fallas… al fin y al cabo, quienes no consideren tenerlas sin duda están en la galaxia equivocada.

En este proceso, la llegada de un Cartero Real, “torpe” como tú, con el que sentirse libre de ser como uno es, es fundamental. Pero me voy a tomar la libertad de reproducir el párrafo que considero clave: “Y después de tanto conocer y de tanto observar, llega a una conclusión: el amor no puede buscarlo fuera, no puede encontrar fuera lo que no tiene en su interior. Debe, ante todo y sobre todo, amarse ella misma y olvidar al ser que realmente la ha destruido: Torpina.” Pág. 24.

Definitivamente, “Torpón III” es un canto a la esperanza, a la lucha contra nuestros propios miedos. Enfrentar nuestras heridas para sanarlas, descubrir la imperfecta semejanza que nos une a todos.  Es un canto a la libertad y a la valentía de, como Caroline, gritar: ¡BASTA YA!. Y demostrarnos, ya no a los demás sino a nosotros mismos, lo mucho que valemos. Con nuestros tropezones y levantamientos, errores y aciertos.

Al leer “Torpón III” uno descubre que tiene una pequeña gran Caroline dentro.