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Hace unas semanas, compartía con vosotros información sobre unos talleres de No-Violencia a los que tuve que asistir hace unos años. Como os decía entonces, y vuelvo a recalcar, esto forma parte de la ideología Humanista, inmersa en un debate entre sus defensores y lo que la consideran una secta. Como digo, yo no entro en este debate, sino que me limito a compartir con vosotros lo que enseñan en estos talleres los humanistas.

En uno de estos talleres nos hablaron de las virtudes y los defectos. Nos decían que estamos muy acostumbrados a dirigir la mirada hacia el exterior, sin tener el hábito de mirar hacia dentro, hacia nuestro mundo interno, del que se sabe poco porque, dicen, no se estudia.

Describían los valores positivos, las virtudes, como algo etéreo, que no se percibe de una forma clara. Cuando uno trata de buscar qué dificultades tiene, las encuentra fácilmente porque son tensiones que sentimos como reales. La tensión que siento en mi cuerpo es real, y la noto sin problema. De hecho, hay simultaneidad, una correspondencia entre problema mental y tensión en el cuerpo. Así, tal cual. En contraposición a esta carga, tenemos algo que se llama virtud, que no tiene esa carga tensional. No tiene un lugar donde se encuentra. Está, pero es tan liviana como una pluma, y por eso no le damos casi importancia. En nuestro mundo interno, tenemos dos opciones: virtudes y defectos. Así, potenciando la virtud, el problema va perdiendo carga. Nos contaban que por eso no se trata de luchar contra el problema.

Con un ejercicio práctico en el que teníamos que reflexionar sobre las virtudes que teníamos, cuáles creíamos que veían los demás en nosotros y si si nos reconocíamos en ellas, nos explicaron la dualidad de las virtudes. Esto es que una virtud puede ser considerada como tal, o como defecto. El indicador es el registro, lo que sentimos. Si nos sentimos bien con nosotros mismos, estamos ante una virtud. (Mi cara ante esto fue un poema, lo confieso)

Finalizaron la sesión asegurándonos que toda intencionalidad en los seres humanos esconde algo positivo. Eso sí, a no ser que tengas una enfermedad mental. En el trasfondo, siempre hay una motivación positiva: todo defecto esconde una virtud.

Me iba a abstener de opinar, pero está claro que esta gente no se ha encontrado con algunas de las personas que se han cruzado en mi camino alguna vez. Ni intenciones buenas, ni enfermedades mentales. Ahí lo dejo…

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