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En el post anterior, primera parte de esta nueva sección, ya avanzaba la información más básica que debemos saber sobre los test en general. En qué aspectos fijarnos para decidir si la prueba que tenemos entre manos nos sirve o no. Uno de los más importantes es la validez: que la prueba mida lo que dice medir.

Nuevamente esto puede parecer obvio, pero para poder medir algo, debe de estar perfectamente definido. No debe haber dudas sobre nuestro objeto de estudio, si no, mal empezamos. Esto puede ser sencillo en algunos casos como el que os mencionaba sobre competencia matemática, por ejemplo… Pero si hablamos de resiliencia, la cosa se complica. Esto se debe a que no hay una única definición del concepto. Si hemos leído algo sobre el tema, todos tenemos una idea de lo que es, podríamos incluso elaborar nuestra propia definición, quizá para lo que algunos es un ejemplo de resiliencia, para mí no, etc. Por eso debemos delimitar perfectamente nuestro objeto de estudio y todas sus propiedades. [Este es, simplemente, uno de los pasos en la elaboración de toda investigación o tesis. Si os interesa que os hable sobre esto en otro post, sólo tenéis que decírmelo.🙂]

Bien, centrémonos. A lo largo de la historia del concepto, se han dado diferentes aproximaciones. Hay quienes consideran la resiliencia como un rasgo más de personalidad: sólo la gente que ES resiliente tiene la capacidad de adaptación frente al riesgo; hay quienes consideran que se trata de un proceso por el cual la conjunción de una serie de factores me permite APRENDER a enfrentarme a la adversidad; y hay quienes consideran que estamos ante un nuevo paradigma según el cual podemos CONSTRUIR resiliencia. En este caso, deberemos decidir si en nuestro estudio vamos a considerar la resiliencia como un rasgo, y simplemente tendremos que averiguar si nuestro sujeto posee los factores necesarios para ser considerado resiliente. Pero si para nuestro estudio consideramos la resiliencia como proceso, entonces no podemos olvidar que en dicho proceso interviene tanto el contexto como la adversidad en cuestión.

En este sentido, Luthar & Cushing (1999), citados por Salgado (2005), elaboran una descripción de los métodos de medición de la resiliencia:

A. Medición de la adversidad.

B. Medición de adaptación positiva.

C. Medición del proceso de resiliencia.

A.- Medición de la adversidad. De 3 maneras:

Medición de riesgo a través de múltiples factores: usando una escala de eventos de vida negativos, pedimos al sujeto que identifique cuáles de ellos han estado presentes en su vida: separación de padres, enfermedad de alguno de ellos, etc.

Situaciones de vida específica: en este caso, las situaciones de vida negativas son determinadas por los investigadores, la sociedad y los individuos. Se sabe que la pérdida de un familiar favorece la vulnerabilidad al estrés del afectado.

Constelación de múltiples riesgos: hablamos de considerar los diferentes puntos de los que puede partir la adversidad y cuál es la interacción que se desarrolla entre ellos. Realmente estamos teniendo en cuenta un compendio de diferentes ámbitos: social, familiar, comunitario y personal.

B.- Medición de adaptación positiva.

Adaptación según factores múltiples: en este caso, la medición se basa en los logros de metas atendiendo a la etapa de desarrollo del individuo. Para ello, nos valemos de factores de información como entrevistas a familiares, amigos y docentes, además del uso de un test de conducta que nos ayude a determinar la adaptación positiva.

Ausencia de desajuste: se suele utilizar en investigaciones  centradas en psicopatologías, por lo que se basan en test clínicos, siendo considerada un tipo de medición restringida.

Constelación de adaptación: esta estrategia se realiza en base a las teorías del desarrollo, y nuevamente contamos con la colaboración de terceras personas y de las puntuaciones obtenidas de la aplicación de pruebas.

C.- Medición del proceso de resiliencia. 2 modelos:

Modelo basado en variables, que a través de la estadística nos ayuda a determinar cuál es la conexión entre los factores de riesgo y  los factores protectores.

Modelo basado en individuos, o estudios longitudinales. Estudiamos una muestra durante un largo periodo de tiempo, estableciendo hipótesis sobre las diferencias en la adaptación de los sujetos estudiados. Uno de los ejemplos más conocidos es el estudio en Kauai de Emmy Werner.

En próximas entradas, veremos algunas pruebas específicas centradas en resiliencia. Así que sí, continuará…