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En el post anterior, no es resiliencia todo lo que reluce, Mónica me hacía una consulta que, por el interés que creo que puede tener para el resto de lectores, y por la extensión de mi respuesta, he decidido contestar en este post. Antes de nada, aclaro que es mi opinión, lo que yo defiendo y mi manera de ver las cosas. Es un tema, creo, susceptible de debate, por lo que los comentarios son libres para expresar conformidad o disconformidad conmigo😉

Bien, Mónica me comentaba lo siguiente: “Hola, estudiando Educación Social nos indican que “RESILENCIA es el proceso de adaptarse bien ante situaciones adversas, tomar cada una de esas circunstancias como un desafío para poner a prueba las potencialidades el individuo (Sánchez 2003)”. Por favor me podrías indicar si estás de acuerdo con esta explicación o si por el contrario habría que matizarla, por que veo que la asocias a traumas y en nuestro caso estamos hablando de situaciones complicadas, no sé si puede ser lo mismo. Gracias.

Gracias a ti por tu consulta.🙂

Mi opinión es que no, no es lo mismo, y que sí matizaría esa definición. Veamos.

Las Ciencias Sociales no son una ciencia exacta, y prácticamente de todo existen varios modelos, teorías, y un gran número de autores dispuestos a establecer y publicar sus propias definiciones, por esto de dejar huella y tal, ya que la mayoría dicen lo mismo pero con otro orden sintáctico… aunque este sería otro tema😉 Bueno, con la resiliencia pasa lo mismo. En este sentido, el marco que yo defiendo es el que has leído en el post: como bien dices, para mí, es necesaria la presencia del trauma. Pero “resiliencia” es un término complejo, ya no sólo por la ambigüedad de las definiciones sino por su subjetividad. Me explico:

“Situaciones adversas” o “adversidad” son términos que vas a encontrar en la mayoría de definiciones de resiliencia. Pero adversidad no es trauma (lo traté un poquito el año pasado, en este breve post: adversidad vs trauma), y si no se matiza, puede llevar a confusión, porque a veces se utilizan como sinónimos sin serlo a fin de establecer una diferencia con los problemas comunes de la vida. Pero esto, como ya digo, genera confusión.

Continúa:

Lo que está claro es que, ante un problema o ante una situación difícil, no hablamos de resiliencia. ¿Ante adversidad? Mi opinión es que tampoco, pero depende. Porque aquí entra la parte subjetiva: quizá la vivencia de una situación que a mí sí me ha supuesto un trauma, a otra persona no. E incluso a mí misma puede que esa misma situación no me supusiera un trauma si se produce en el marco de unas condiciones diferentes a las del caso contrario. Por esta razón, no creo que el punto de atención haya que centrarlo en qué situaciones podemos llamar traumáticas, sino que hay que ponerlo en si existe un cuadro traumático en una persona. Dice Cyrulnik que, para hablar de trauma, hay que haber estado muerto. Cuando sufrimos, cuando nos enrabietamos o nos sentimos tristes, lo estamos pasando mal, sí. Pero no hemos perdido el rumbo ni la conciencia de quiénes somos. Ante un trauma, sí.

Por tanto, si hablamos de situaciones complicadas, no hablamos de resiliencia. Si hablamos de situaciones adversas, podemos hablar de resiliencia siempre y cuando su vivencia haya desarrollado en la persona un cuadro traumático.

Así pues, dicho esto, yo (bajo mi humilde punto de vista, y manera de entender la resiliencia), matizaría esa definición: primero, porque no sólo es una cuestión de adaptación, sino de superación y de salir reforzados de la situación. Y segundo, porque las situaciones traumáticas van más allá de las adversas, aunque pueden afectarnos como las primeras, o no.

No sé si después de todo esto, te he aclarado o confundido más… ¡espero que lo primero!😉