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Participante de la mesa redonda del pasado Think Tank, dieron paso a David Casinos diciendo que había una frase que le identifica, y que él mismo dice siempre: “todos los días sale el sol, y si no, ya me encargo yo de sacarlo.” En 1998, con 25 años, una retinopatía diabética le dejó totalmente ciego. Nadie mejor que el propio David para que os cuente su historia, y cómo la vivió.

Buenos días a todos. Lo primero, agradecer estar invitado aquí, a este club de grandes resilientes y formar parte de esta mesa. Es un verdadero placer, porque mi vida es una gran resiliencia. Pero el gran momento que ha marcado mi vida fue hace 16 años. Yo lo recuerdo con mucha mucha claridad, porque además llegué con mi propio coche. Es curioso, porque yo ese día sentí algo especial dentro de mí y le dije a mi madre que me acompañara, y así fue. Cuando estaba sentado en la consulta del médico, mirándome a la cara fijamente, con mi madre cogiéndome de la mano, me dijo el doctor que tenía una retinopatía diabética y que me iba a quedar ciego. La verdad es que yo no comprendía nada de aquello porque veía perfectamente: había llegado con mi coche, veía bien, tenía una vida de emociones, de éxito… Pero traducir ese mensaje me dejó helado.

Como comprenderéis, cuando uno nace ciego conoce lo que tiene, que es esa ceguera. Pero cuando después de tantos años, 25, 30, 40… nos arrebatan la visión, os aseguro que la cabeza la tienes que tener muy bien amueblada para no perderla. Y así fue como en cuestión de un mes perdí la visión. Perdí las ganas de vivir, perdí la alegría, perdí mi trabajo… Y yo siempre digo que hay una canción muy bonita de Dani Martín que dice: qué bonita es la vida, pero a mí me lo arrancó todo, me lo quitó todo.

Como Viktor Frankl, sólo tenía una posibilidad: afrontar el problema. Sólo había una cosa que no me podían cambiar: cómo quería vivir todo aquello. Sabía que perder la vista iba a ser muy duro, pero lo que iba a ser duro era el camino que tenía que recorrer. Tiré de sentido del humor y dije: bueno, si tengo que recorrer ese camino, que sea en business class, vamos a pasarlo bien. La gente que me conoce sabe que tengo un gran sentido del humor. Y eso es lo que me fortalece. Además lo comparto con la gente que quiero, con la gente que conozco.

Tenía que aprender a volver a ver. Pero a volver a ver sin ver. ¿Os imagináis lo que es eso? Así que me uní… bueno, me uní no, me tendieron una mano donde hoy es mi verdadera casa, mi casa la ONCE. Esa casa que nos llena de emoción y nos da oportunidades para tener una nueva vida. ¿Sabéis cuánta gente pierde la visión al año? 4.000 personas. Yo soy una de ellas. Cuando te dan el bastón blanco en tu mano, y no es el bastón blanco de Gandalf el Gris, os aseguro que te tiembla todo. Pero es una gran oportunidad, y tenemos que cogerla porque no nos queda otra. Nuestro pasado está ahí, y tenemos que olvidarnos de eso por muy malo que sea. Tenemos que vivir el presente para hacer un gran futuro.

Con una vida hecha, con un trabajo, siendo feliz, con una familia, con muchas oportunidades en mi vida, lo perdí todo. Así que hice las maletas. Me fui a Barcelona y empecé mi nueva vida desde la ceguera. Con mi bastón blanco, con mi profesor, con mucha gente que pierde la visión por muchas circunstancias, aprendí a moverme, a circular por la urbe, a pasar pasos de peatones, a saber cómo está un semáforo, si rojo, si verde… a volver a comer en una mesa, a cortarme la fruta, pelar el pescado, a doblar la ropa, a planchar, a cocinar… si es difícil cocinar viendo, imaginaos sin ver y no quemarnos en el intento. La verdad es que todo eso para mí significó un momento muy duro, pero un momento de resiliencia absoluta. Y compartiendo con muchos amigos que dejé en esos momentos. Salí de ahí, empecé de nuevo, y como lo había perdido todo, pues pasé por muchísimas operaciones, carísimas, y tuve que pagar un coste muy elevado. Tanto mi familia como yo. Ya veis el resultado cuál fue: negro, tiene cuatro patas, se llama Ximena… jamás volví a ver.

Tuve que empezar una nueva vida. He estado vendiendo cupones 11 años en lo que es mi casa. Me ha dado una oportunidad tremenda de conocer a las personas, de emanciparme a nivel profesional… además, en ese momento recibí una gran llamada que cambiaría mi vida y mi destino. Una llamada de una persona que me conocía de mi vida anterior, cuando yo veía y había practicado deporte, atletismo, y me tendió su mano y me dijo: “David, queremos que vuelvas.” No me lo pensé. Me uní a un grupo de personas, de gente verdadera. Tenía que superar unos estándares. Siempre digo: que fuera ciego no significaba que no pudiera tener tanta fuerza como tuvieran ellos. Que fuera ciego no significaba que no pudiera correr, que no pudiera saltar, que no pudiera generar condiciones para vivir mi sueño. Aquí es donde viene esta verdadera resiliencia, cada vez que salgo acompañado por Ximena, cada vez que tengo que entrenar, cada vez que tengo una serie dura… somos unos grandes resilientes. Ahí está el verdadero trabajo. Lo vivimos día a día.

Para mí, perder la visión no acabó con mi vida. Empezó el verdadero día que la perdí. He tenido que enseñarle a muchas personas, empezando por mi familia, que podía ver sin ver. A veces tenemos un compromiso con la sociedad de demostrar incluso más de qué somos capaces y de que lo podemos conseguir, porque somos capaces de llegar a muchos sitios. Libro David Casinos

Ahora continúo con el deporte. Jamás hubiera pensado que iba a estar en 4 JJ.OO., ahora voy a mis quintos Juegos. No sé lo que va a suceder, pero os aseguro que la voy a liar. Tengo que alimentar ese día con ilusiones y sobre todo con algo importante, con algo que salió este invierno, un hijo que se llama: “Todos los días sale el Sol y si no ya me encargo yo de sacarlo.” Es un libro. Y bueno, una hija que se llama Cayetana también, con unos ojos azules preciosos. Tengo que enseñar muchas cosas. 1) Primero a mi hija. Tengo que enseñarle que puedo hacer cosas grandiosas. Quizás llegaré con mi perro-guía al colegio o a la guardería, y los otros papás llegarán con su coche, pero no pasa nada, hay que explicarlo. Cuando explicamos todo esto, la información nos hace libres. 2) Y luego con mi libro. El libro que creo que ha sido poder contarle a la gente por dónde he pasado, por todo lo que he tenido que pasar, que vivir… historias duras, sí, os lo aseguro. Pero historias que considero que una vez vividas y superadas, nos hacen ganadores. Ganadores sobre nosotros mismos. Un gran ejemplo es el que viví en 2012. En uno de mis últimos lanzamientos, creo que fue el lanzamiento que me hizo ganador, ganador sobre mí mismo. Cuando notas que ese disco sale despedido, cuando notas que todo ha salido a la perfección… vale la pena. Vale la pena vivir ese momento.

Y ahora miro hacia atrás y de alguna manera me tengo que quedar con todo lo que he vivido, con lo malo y con lo bueno, y sobre todo que he tenido esa oportunidad de generar ese estímulo verdadero que me siento tan afortunado de vivir y de compartir con la gente que quiero y con la que me encuentro todos los días. Encontré a mi mujer Celia, me enamoré de ella locamente… el amor es ciego, os lo aseguro. Tengo una Hija, Cayetana, que es preciosa, una carrera llena de momentos fantásticos deportivos y os aseguro que lo que me queda por vivir, lo voy a vivir con tal magnitud, lo voy a vivir con tal alegría, que va a ser fantástico. A la vida, no venimos a sufrir, venimos a vivir.