Hacer balance por fin de año siempre me ha parecido tan típico e ineficaz como los propósitos para el año nuevo. No recuerdo haberlo hecho nunca en serio. Y de pronto, me sorprendo despertándome de madrugada con una idea clara: ¡menudo año! Y en seguida, una tormenta de preguntas: ¿hice mal aquello? ¿hice bien lo otro? ¿podría haber hecho más? ¿hice demasiado? ¿desaproveché alguna oportunidad?

Acertar. Supongo que es la clave en el fondo de nuestros pasos. Nos equivoquemos o no, hacer las cosas bien para con los demás y con nosotros mismos, debería ser la intención real de nuestras decisiones. Al menos es la mía. Y si lo es, ¿por qué esa tormenta llega sin avisar? Por qué esas dudas, remordimientos y las “auto-coacciones” de “haría esto pero supongo que es mejor no hacerlo.” Quizá porque a veces cedamos demasiado, centrando nuestros actos en las posibles consecuencias que puedan tener en el comportamiento de terceros, y nos olvidamos de que nosotros debemos ser lo primero para nosotros mismos. No hablo de egoísmo, obviamente, sino de amor propio. Escribiendo esto, recordé la imagen que os adjunto: No hay nada mejor para la autoestima que el “te” ;)te

Reconozco que eso es algo que yo aún no he aprendido a hacer del todo, pero sí se que todas mis decisiones, acertadas o no, han ido encaminadas a ello. Y es cierto que aquí es donde encuentro sentido al balance, porque es inevitable acordarme de todas esas personas que han estado o están conmigo ayudándome a seguir creciendo. Sólo puedo darle las gracias a esas personas que forman parte de mi vida por guiarme y cuidarme, a las que ya no tengo cerca pero que para mí siempre lo estarán, por abrirme los ojos y enseñarme, por ponerle luz a un camino lleno de oscuridades. Y disculpadme, perdón por si os he fallado, y no he estado cuando me hayáis necesitado. Gracias por supuesto a los que cada día entráis aquí, de un montón de países diferentes, a los que me escribís comentarios y mails pidiéndome ayuda para resolveros dudas, animándome a seguir. “Gracias” y “perdón” es la manera de acertar. La vida te enseña a no confiar en la gente que no es capaz de decir ambas.😉

En fin, no pretendía hacer un balance ni creo que esto lo sea, sólo inquietudes de madrugada con las que me parece adecuado despedir el blog por este año. Aunque no soy muy dada a este tipo de post, porque los suelo borrar a los dos días, era algo que me apetecía hacer. Analizarse es la mejor forma de conocerse y yo me he dado cuenta de que mi vida es eso que pasa mientras me pregunto si lo estoy haciendo bien.

Mi propósito no es que la tormenta de dudas sobre mí desaparezca, sino que a partir de ahora pueda bailar bajo mi paraguas cuando llegue😉 La tormenta y el paraguas, mi cruz y mi luz. ¿Y las vuestras?

Hasta el año que viene… ¡FELICES FIESTAS!