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enrightHace unos días, el 15 de octubre de 2015, se publicó en la web de GreaterGood de Berkeley, un artículo titulado las “Ocho claves para el perdón”. Responde a un libro del mismo nombre y autor, el Dr. en Psicología Robert Enright. Profesor en la Universidad de Wisconsin, es considerado como el mayor investigador en la psicología del perdón, tema sobre el que ha escrito numerosas publicaciones y libros.

En este artículo, Enright parte de la base de que perdonar puede resultar muy difícil en muchas ocasiones, pero nos da las claves de por dónde empezar. Es necesario no atormentarnos y comprender que la dificultad para perdonar cuando nos han herido es lógica, pero también insana. Acomodarnos en el dolor, en nuestra posición de heridos con motivos para sufrir, nos encadena a una vida nada plena y condiciona nuestras relaciones con los demás. Enright afirma que “no hay nada tan eficaz como el perdón para sanar las heridas profundas.” Es un camino difícil, del que debemos ser conscientes, y por el que debemos estar dispuestos a esforzarnos.

Así, las ocho claves para poder llevarlo a cabo son:

  1. Saber qué es el perdón y por qué es importante.
  2. Convertirse en un “adecuado perdonador.”
  3. Dirige tu dolor interior.
  4. Desarrollar una “mente perdonadora” a través de la empatía.
  5. Encuentra sentido al sufrimiento.
  6. Cuando el perdón es difícil, recurre a otras fuerzas.
  7. Perdónate a ti mismo.
  8. Desarrolla un “corazón perdonador.

Veámoslo con un poco más de detalle:

1.- Saber qué es el perdón y por qué es importante.

El perdón no es buscar excusas para el comportamiento de quien nos ha dañado, ni se trata de fingir que algo no sucedió. El perdón es un proceso que requiere un esfuerzo. Gracias a él, podemos aumentar nuestra autoestima, nos dará seguridad. Nos sana y nos ayuda a desterrar esas mentiras que nos decimos “me lo merezco”, “no soy digno”, “estoy derrotado”.

2.- Convertirse en un “adecuado perdonador”.

El perdón también es cuestión de práctica; cambiar positivamente nuestro mundo interior nos convertirá en un “adecuado perdonador”. En el artículo, lo comparan con empezar poco a poco con una rutina de ejercicio físico. Poco a poco hay que entrenar los músculos del “corazón perdonador” en nuestra vida cotidiana.

Nos proponen tratar de no hablar negativamente, lo que no significa decir cosas buenas de algo que no nos guste. Con este ejercicio, nos dicen que trabajaremos nuestro lado más indulgente. También reconocer que cada persona es única e insustituible. Esta forma de pensar hay que cultivarla.

Ser generosos y educados en nuestro día a día, “sonreír al cajero del supermercado, invertir nuestro tiempo en escuchar a un niño… dar amor aun cuando no sea necesario.” Todos estos pequeños actos nos ayudarán en nuestro propósito.

3.- Dirige tu dolor interior.

Es importante saber quién te ha dañado y cómo. Aunque pueda resultar obvio, hay que saber analizar bien la situación. No hay que perdonar a alguien porque sus imperfecciones sean inconvenientes para nosotros. Todos somos imperfectos.

Ahora bien, cuando nos perjudican se crean heridas internas que deben ser reconocidas. Hay muchas formas de dolor emocional: ansiedad, depresión, falta de confianza, baja autoestima… es importante saber reconocer el tipo de dolor que sufrimos o sufren. Puede que seas capaz de hacerlo solo, o puede que necesites ayuda de un terapeuta. No importa. Lo importante en ambos casos es hacerlo en un ambiente que te proporcione seguridad y apoyo.

4.- Desarrollar una “mente perdonadora” a través de la empatía.

Enright nos comenta que, gracias a diferentes estudios, se ha demostrado que cuando imaginamos que perdonamos con éxito a alguien, aumenta la actividad de los circuitos neuronales responsables de la empatía. Es, por tanto, un paso importantísimo para el perdón.libro ocho claves

Un ejercicio interesante es pensar en la vida de la persona que nos ha dañado, y tratar de descubrir las heridas que esa persona lleva, tratando de desarrollar así empatía por él/ella. La narrativa también puede ayudar: “En primer lugar, trate de imaginarse a ese persona como un niño/a inocente que necesita amor y apoyo. ¿Lo obtuvo de sus padres? ¿Cómo fue su niñez y su adolescencia? Puedes encontrarte con una persona vulnerable, herida, que ha herido a cambio. Quizá llegues a la conclusión de que esa persona, a pesar del daño que haya causado, tampoco mereció sufrir.”

Hay que reconocer que todos llevamos heridas en nuestro corazón.

5.- Encontrar sentido al sufrimiento.

A los que seguimos el devenir de la Resiliencia nos sonará bastante este punto, ¿verdad?😉 La importancia de encontrar sentido al sufrimiento, de encontrar un propósito y ver cómo nos ha cambiado positivamente. Ser conscientes de que ese sufrimiento nos sirve para hacer frente a muchas situaciones de una manera más valiente, fijándonos objetivos en pos del redescubrimiento de la importancia de la vida.

No se trata de restar importancia al dolor, sino de aceptarlo y reconocer lo injusto de la experiencia. Cada uno puede hacerlo a través de diferentes caminos, pero esto es fundamental para que el perdón no sea superficial.

6.- Cuando el perdón es difícil, recurre a otras fuerzas.

Cuando estamos ante grandes injusticias, perdonar resulta bastante más difícil. Y en muchos de los casos, resulta más que lógico. Sin embargo, si realmente sientes que quieres perdonar pero no puedes, puede ser beneficioso apelar a otros recursos.

Ante todo, no te fuerces, ni te martirices por el tiempo que necesites para alcanzarlo. El perdón es un camino largo que requiere tiempo y determinación. Consulta y apóyate en gente en la que confíes, en la que creas que pueden aconsejarte bien y que tengan paciencia para aceptar que el tiempo cura a su manera. Acepta que no somos perfectos, y que tienes que ser valiente.

Si el daño causado es muy grande y aún no te sientes capaz de perdonarlo, prueba mientras a intentarlo con alguien que te haya dañado de una manera menos profunda. Intenta recordar si hay algo pequeño del pasado, algún desaire que te doliera. Practica con ello.

7.- Perdónate a ti mismo.

Sí, como nos cuenta Enright, solemos ser más duros con nosotros mismos que con los demás. Es entonces cuando debemos trabajar en el “auto-perdón”, aceptar que somos seres imperfectos que cometen errores. Cuando el error que cometemos transige nuestras propias normas morales, estamos en peligro de detestarnos y castigarnos: “comiendo en exceso o dejando de hacerlo, empezando a fumar, o de cualquier otra manera.” Debemos ser capaces de reconocer qué es lo que estamos haciendo, por qué, y ablandarnos con nosotros mismos.

Si hemos hecho daño a alguien, aunque hayamos sido capaces de perdonarnos, tenemos que buscar el perdón de esa persona pero siendo conscientes de que puede que no lo consigamos. Hay que estar preparados para esta posibilidad, y llenarnos de humildad, empatía y paciencia, ofreciendo una disculpa que realmente sea sincera y libre de condiciones.

8.- Desarrolla un “corazón perdonador.

Una vez que hemos logrado superar el dolor, cuando dejamos de sufrir por lo que nos hizo daño, comprendemos de una manera más madura el mundo. Lo vemos de una manera más amorosa y humilde. El amor nos libera. Cambia nuestra forma de pensar. Cuando nos parecía imposible ver con otros ojos a aquel o aquella que nos perjudicó en un determinado momento, nuestro corazón se abre para dejar paso al perdón y la paz.

Podéis encontrar el artículo en el siguiente enlace:

http://greatergood.berkeley.edu/article/item/eight_keys_to_forgiveness