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Roman Krznaricroman-krznaric-studio-2, profesor de Sociología y Política en Cambridge, asesora a organizaciones como Oxfam y Naciones Unidas y es fundador de la Escuela para la Vida de Londres. Hoy se asoma por aquí gracias a un artículo que leí hace un tiempo sobre los seis hábitos de la gente altamente empática.

Roman nos dice que podemos cultivar la empatía como una potente fuerza de transformación social pero, ¿cómo podemos ampliar nuestro propio potencial empático? Bien, primero tenemos que tener claro qué entendemos por empatía. En su artículo, Krznaric nos la define como “la capacidad de ponerse en los zapatos de otra persona, con el objetivo de entender sus sentimientos y puntos de vista, y utilizar ese conocimiento para guiar nuestras acciones. Esto la diferencia de la bondad o la compasión.

Lo bueno, como decimos, es que es algo que se puede trabajar y fomentar así su crecimiento a lo largo de nuestra vida. Estos son, pues, los seis hábitos de la gente altamente empática:

  • Hábito 1: Cultivar la curiosidad sobre los extraños.
  • Hábito 2: Desafía los prejuicios y descubre puntos comunes.
  • Hábito 3: Prueba la vida de otra persona.
  • Hábito 4: Escuche atentamente y ábrase.
  • Hábito 5: Inspirar acción de masas y el cambio social.
  • Hábito 6: Desarrollar una ambiciosa imaginación.


Hábito 1: Cultivar la curiosidad sobre los extraños

Tener curiosidad por gente que no conocemos, que las personas nos parezcan interesantes, cultivando así nuestra curiosidad natural de cuando éramos niños. Cuando hablamos con gente fuera de nuestro círculo social habitual, encontrándonos con visiones del mundo diferentes a la nuestra y respetándolas, expandimos nuestra empatía. No se trata de tener una breve charla sobre el tiempo, sino de tratar de entender el mundo dentro de la cabeza de otra persona. ¿La clave para esto? Para Roman, coraje.

Hábito 2: Desafía los prejuicios y descubre puntos comunes

Una de las cosas que me enseñaron en Psicología Social es que, no solo todos tenemos prejuicios, sino que son necesarios para ahorrar trabajo a nuestro cerebro. Tanto los positivos como los negativos. Sin embargo, es necesario desafiarlos buscando lo que tenemos en común con los otros y no lo que nos divide.

Roman nos lo ejemplifica con la historia de 12287331_1420743684Claiborne Paul Ellis, nacido en una familia blanca pobre de Durham, Carolina del Norte. Convencido de que todos sus problemas eran a causa de los afroamericanos, siguió los pasos de su padre y entró en el Ku Klux Klan, llegando a ocupar puestos superiores. En 1971, como prominente ciudadano local, fue invitado a una reunión de la comunidad, de 10 días, para hacer frente a las tensiones raciales en las escuelas. Allí, fue elegido para encabezar un comité de dirección con Ann Atwater, una activista negra a la que despreciaba. Sin embargo, al trabajar con ella, ver que compartían los mismos problemas de pobreza, darle la mano, etc., sus prejuicios sobre los afroamericanos explotaron. Así, en la última noche de reunión, delante de mucha gente, Ellis destrozó su tarjeta de miembro del KKK. Ellis y Ann fuerano amigos durante el resto de su vida.

Hábito 3: Prueba la vida de otra persona

¿Habéis escuchado eso de: “antes de juzgarme, ponte mis zapatos”? Posiblemente, este tercer hábito es el más difícil y potencialmente gratificante. Empatía experencial.

sin-blancaUn ejemplo de esto es la historia de George Orwell, un escritor y periodista británico que quiso descubrir cómo era la vida para los que viven en los márgenes sociales. Se vistió como un vagabundo y convivió con ellos en las calles de East London. El resultado de esta experiencia la plasmó en el libro “Sin blanca en París y Londres”. Para él, supuso un cambio radical en sus creencias y prioridades. Desarrolló nuevas amistades y cambió su punto de vista sobre la desigualdad.

Hábito 4: Escuche atentamente y ábrase

Hay dos rasgos necesarios para ser un conversador empático:

1.- Dominar el arte de la escucha radical. Escuchar con fuerza a los demás y hacer todo lo posible para comprender su estado y necesidades emocionales.

2.- Hacernos vulnerables. Solo con escuchar no es suficiente. También tenemos que ser capaces de quitarnos las máscaras y revelar nuestros sentimientos, para así crear un lazo empático fuerte. La empatía es una calle de dos vías basada en la comprensión mutua.

Hábito 5: Inspirar acción de masas y el cambio social

La empatía no es solo a nivel individual, sino que debe ser también un fenómeno de masas que provoque un cambio social. Roman nos habla de ella como una flor cuyas semillas debería plantarse en los hijos. De hecho, existe un programa de enseñanza canadiense llamado “Raíces de Empatía”.

Pero, más allá de la educación, ahora contamos con un arma poderosa para ello: las redes sociales. Todos los días nos llega a través de ella información sobre movilizaciones, vídeos emotivos que nos tocan el corazón, datos de lo que pasa aquí o allá… y durante ese momento empatizamos con lo que vemos o leemos pero, ¿nos cambia en algo realmente? ¿Qué ocurriría si las redes sociales aprendieran a difundir no solo información sino una verdadera conexión empática?

Hábito 6: Desarrollar una ambiciosa imaginación

La empatía no se reserva a aquellos que sufre, sino que debemos sentirla con las personas cuyas creencias no compartimos. ‘Empatizar con los adversarios es también una ruta en la tolerancia social. Como decía Gandhi: “Yo soy un musulmán, y un hindú, y un cristiano y un judío.”

Las organizaciones también deben desarrollar un pensamiento empático más ambicioso, pues esta es la clave que sustenta el trabajo en equipo y el liderazgo. En ese sentido, encontramos la iniciativa Start Empathy, de la Fundación Ashoka, que trabaja en este sentido con empresarios, políticos y educadores.

En definitiva, “necesitamos empatía para crear un nuevo tipo de revolución. Una revolución radical en las relaciones humanas.

Artículo de Roman Krznaric.