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Hace ya unos años, a finales de 2013, en el New York Times se publicó un artículo llamado: “¿Están los niños demasiado mimados?”, a raíz de esto, las reacciones no se hicieron esperar.

Martin Covington, profesor de la Universidad de Berkeley, nos dice que el miedo al fracaso de los alumnos está directamente vinculado a la autoestima, a la creencia de que son valiosos como persona. Por ello, utilizan “increíbles maquinaciones psicológicas con el fin de evitar el fracaso y mantener el sentido de que son dignos.”

Covington realizó una investigación durante años sobre este tema. Dicho trabajo le reveló que una manera en que las personas protegen su autoestima es creyéndose competentes, y haciendo que otros también lo crean. Por tanto, la capacidad de alcanzar resultados, y la calidad de los mismos, es considerada fundamental para mantener la autoestima; sobre todo en el ámbito escolar y profesional. Si alguien cree que no tiene la capacidad de tener éxito y que se enfrenta a repetidos fracasos comenzará, consciente o inconscientemente, a crear excusas y mecanismos que preserven su valía ante sus ojos y ante los demás. Cuanto más intenso es el esfuerzo que hay detrás del fracaso, mayor importancia tendrá el mecanismo de defensa que se usa para excusarse.

Esta investigación también reveló que, cuando se trata de lidiar con el fracaso, los estudiantes generalmente se dividen en cuatro categorías:

1.- Estudiantes Orientados al Éxito: estos estudiantes adoran el aprendizaje, y ven el fracaso como una forma de mejorar sus capacidades y no como algo que les devalúa como humanos. La investigación concluyó que los padres de estos estudiantes tienen a alabar el éxito y, rara vez o nunca, amonestar el fracaso.

2.- “Sobre-luchadores” o los que se esfuerzan en exceso: son los cumplidores, pero solo con un esfuerzo hercúleo motivado únicamente por el temor al fallo que confirmaría su mayor miedo: que no son perfectos.

Debido a que el miedo al fracaso es tan abrumador, y a las dudas de sus capacidades, este tipo de alumnos se esforzarán en exceso, pero, por ejemplo, se cubrirán diciendo que tienen muy poco tiempo para preparar el examen y luego se pasarán toda la noche estudiando. Aprobar el examen con notas altas “mostrará” al mundo lo brillantes que son porque su “capacidad” triunfó sin, supuestamente, necesidad de esfuerzo.

3.- Evitando el fracaso: son estudiantes que no buscan tener éxito, pero sí no fracasar. Creen que el hecho de invertir mucho esfuerzo y aun así fracasar, sería una evidencia de una baja capacidad y, por tanto, menos valor. Entonces piensan que, si no se aplican, no conseguir éxitos no influirá de manera negativa en su capacidad, y su valor se mantendrá intacto. Así, con el fin de evitar el fracaso, se dedican a poner excusas, posponer las tareas, evitan participar, e incluso escogen tareas de un alto grado de dificultad bajo las que cubrirse.

Los estudiantes cuya motivación se basa en el miedo al fracaso, tienden a tener padres que rara vez alaban el éxito, pero sí castigan el fracaso. Esto les hace creer que el amor de sus padres está condicionado al éxito académico.

4.- Falta de aceptación: son los estudiantes más difíciles de motivar porque han interiorizado fracasos. Creen que sus repetidos fracasos se deben a una falta de capacidad y han renunciado a tratar de tener éxito. Cualquier éxito que puedan experimentar, lo atribuyen a circunstancias externar ajenas a su control, como por ejemplo que el maestro les de tareas fáciles en proyectos de grupo.

 Estos dos últimos tipos de estudiantes, tienden a concentrarse en áreas no académicas en las que puedan tener éxito, como el deporte, el arte o, incluso, el comportamiento de riesgo.

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Superar el miedo al fracaso

Afortunadamente, la investigación también proporciona consejos para que los maestros puedan ayudar a los alumnos a lidiar con los sentimientos de fracaso y descubran su verdadero potencial. No es algo fácil ni una ley exacta, al fin y al cabo la clave es que los maestros conozcan a sus alumnos y sepan identificar cuándo empiezan a tener comportamientos basados en el fracaso.

1.- Hacer hincapié en el esfuerzo sobre la capacidad. Este es un punto muy importante. Sobre todo desde Educación Primaria hasta la Universidad, puesto que a medida que los niños crecen, se tiende a valorar más la capacidad que el esfuerzo. Una forma de alentarlo, es proporcionar directamente información específica a los estudiantes sobre que se reconoce y recompensa el mismo. Los estudios demuestran que, los alumnos que reciben este tipo de comentarios, están más motivados para tratar de alcanzar el éxito, además de creer que sí pueden conseguirlo. Sin embargo, hay que tener cuidado y no decir a los estudiantes que se esfuercen más si fallan, puesto que se pudo haber empleado ya una gran cantidad de esfuerzo peso no haber alcanzo finalmente el éxito. De lo contrario, pueden empezar a dudar de sus habilidades.

2.- Anime a los estudiantes a practicar la auto-compasión cuando fallan. Cuando se tiene miedo al fracaso, en el interior se libra una batalla entre la auto-aceptación y ser capaz de vernos como realmente somos. La auto-compasión aquí puede ser de gran ayuda. Veamos. La autora del libro: “Auto-compasión”, Kristin Neff, dice que “nuestro verdadero valor radica en la experiencia central de ser un ser consciente que siente y percibe.” Es decir, en lugar de basar nuestra autoestima en categorías como el éxito académico, la apariencia o la popularidad, debemos valorarnos únicamente por el hecho de que somos seres humanos y aceptamos que el fracaso es parte de la experiencia humana. Así es más fácil extender la compasión hacia nosotros mismos cuando fallamos. No nos hacemos daño ni auto-castigamos por no ser perfectos, sino que practicamos el diálogo interno que nos haga mirar con realismo la causa del error y determinar qué podemos hacer para mejorar la próxima vez.

Hay investigaciones que, efectivamente, concluyen que las personas que practican la auto-compasión, se recuperan más rápidamente del fracaso, y son más propensos a probar cosas nuevas.

3.- Construir relaciones positivas con los estudiantes. Esto es importante sobre todo en estudiantes del tercer y cuarto tipo: los que evitan el fracaso y los que tienen falta de aceptación. Las investigaciones demuestran que los alumnos están más motivados a potenciar su mejor lado cuando sienten que los maestros y las tareas están conectados con ellos. Y lo contrario. Cuando los alumnos creen que los maestros no se preocupan por ellos, aparece la desmotivación.

También se podría hablar directamente con los estudiantes sobre cómo el miedo al fracaso podría estar afectando a su vida. Cuando Covington lo hizo con estudiantes universitarios, se encontró con que estaban agradecidos por la información, que les ayudó a tomar el control de su actitud hacia el trabajo escolar.


Fuente:http://greatergood.berkeley.edu/article/item/how_to_help_kids_overcome_fear_of_failure